Enfermedades mentales:
ESTIGMA
vs
REALIDAD
Mediante este proyecto busco dar visibilidad a aquellas personas que padecen enfermedades mentales y sufren el rechazo y la discriminación causados por el estigma. Pero, antes de empezar, dejemos claro qué es el estigma exactamente:
Estigma: rasgo o condición que se atribuye a un grupo de personas y que hace que se establezcan actitudes negativas hacia estas, por lo que está conectado con la discriminación y la exclusión social. En resumen, sería la “mala fama” de algo.
Enfocando la definición en este tema, un ejemplo muy común de estigma respecto a los enfermos mentales sería el pensar que estos son unos “locos” violentos y peligrosos, pero, ¿de dónde vienen estos prejuicios?
En nuestra cultura, siempre ha habido esa idea de “locura peligrosa” que se ha visto reforzada por los medios, a través de películas y libros, e incluso las propias instituciones psiquiátricas, sobre todo en el pasado, con manicomios aislados e internamientos forzosos. Todo esto ha provocado que se lleve a cabo una exclusión automática y generalizada.
Ahora que ya sabemos sobre el estigma de la salud mental, es importante que conozcamos la realidad de las personas que conviven con ciertos trastornos. Para ello, vamos a ver algunos de ellos, hasta llegar a los más estigmatizados.
Empecemos por el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). Mucha gente piensa que este trastorno es una mera excusa (o que incluso ni existe) para aquellos que son demasiado vagos, tontos o habladores y que es cosa de la edad, sin embargo, aunque la incapacidad de concentración, de permanecer quieto y la impulsividad son comunes en el TDAH, va mucho más allá. No es raro que presenten:
Hiperfijación: obsesión por un tema o actividad y se olviden de todo lo demás, incluso de comer o ir al baño.
Disfunción ejecutiva: ser físicamente incapaz de realizar actividades sin justificación racional.
Comorbilidades: presencia de dos o más patologías simultáneamente en un único individuo, como ansiedad o depresión.
También está el TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo). Las personas que lo padecen tienen la mala fama de ser muy maniáticos, quisquillosos y perfeccionistas, no obstante, es mucho más complejo que eso. Se caracteriza por las conductas repetitivas (compulsiones) y pensamientos intrusivos (obsesiones) que producen sensaciones desagradables como ansiedad, frustración, etc. y que les generan mucho estrés en su vida diaria.
Por ejemplo, una persona con TOC tiene el pensamiento intrusivo de “si no compruebo que he cerrado bien la puerta al menos tres veces, algo muy malo me va a pasar”, sin poder evitarlo lo convierten en una compulsión que deben hacer sí o sí, de lo contrario sufrirán una gran angustia, y al final es un círculo vicioso.
Ahora vamos a empezar a hablar de estigmas más severos, aquellos con la fama de crear asesinos seriales, criminales y personas problemáticas en general.
El Trastorno Antisocial de la Personalidad cubre un espectro mucho más amplio y complejo de lo que parece, aunque suele caracterizarse por una baja empatía, el menosprecio de las normas legales y sociales, y la visión de otros como medios para un fin. Seguro que con esta descripción ya habéis pensado en los psicópatas y sociópatas de las series policiacas, pero hay una diferencia:
Psicopatía: “se nace”. Los psicópatas tienen una mayor visión a largo plazo y son capaces de socializar (normalmente de forma superficial).
Sociopatía: “se hace”, es por problemas de salud mental o física. Los sociópatas tienen problemas para mantener metas a largo plazo, son más impulsivos y les faltan recursos para socializar.
Aunque individuos con este trastorno pueden parecer narcisistas y apáticos, eso no significa que todos sean criminales, es más, la mayoría de ellos tienen sus propios valores morales y viven una vida aparentemente normal como cualquier otra persona.
Suele creerse que el Trastorno Bipolar son solo cambios de humor muy dramáticos cuando, de hecho, estas personas experimentan fases de manía (excitación excesiva, percepción de grandeza, irritabilidad…) que pueden llevarlas a consumir drogas y a seguir otras conductas de riesgo, así como fases depresivas (tristeza, ansiedad, baja energía, pensamientos suicidas…) y también episodios mixtos. A su vez, todo esto conlleva a una gran variación en la proporción de fases según el caso.
La Esquizofrenia, aunque muy conocida, la mayoría de personas no llegan a comprender cómo funciona realmente más allá de las películas. Esta enfermedad cuenta con síntomas positivos (que no quiere decir que sean buenos, sino que “añaden” a la persona) como alucinaciones, delirios, lenguaje y comportamiento desorganizado, etc., síntomas negativos (aplanamiento afectivo, disminución en fluidez y pensamiento, apatía…) y cognitivos como problemas de atención, memoria y funciones ejecutivas. A pesar de ello, gracias a la medicación y terapia, se puede llevar una vida más o menos normal con el apoyo necesario.
Por último, nos encontramos con el TID (Trastorno de Identidad Disociativo), antes conocido como Trastorno de Personalidad Múltiple, que se ha ganado un estigma bastante severo debido a los medios que, en películas como ‘Múltiple’ o libros como ‘Dr. Jekyll y Mr. Hide’, han hecho ver a los que padecen este trastorno como locos y asesinos peligrosos, con “una personalidad malvada” y habilidades sobrehumanas.
No obstante, el TID es causado por trauma complejo y recurrente en la infancia, provocando que el cerebro disocie, es decir, que separe recuerdos o emociones directamente asociadas con el trauma del yo consciente, de esta manera se generan los alters (estado alterno de la identidad), estos no son “personalidades” sino que la misma identidad se ha fragmentado como mecanismo de defensa. El problema del TID nunca son los alters sino el trauma, el cual causa síntomas como la amnesia, la desconexión del cuerpo con la realidad y una alta comorbilidad para otros trastornos como ansiedad, depresión, etc.
Finalmente, me gustaría aclarar que pese a las dificultades de cada uno de estos trastornos, estas personas tienen la capacidad de vivir una vida normal y tratarse si cuentan con el apoyo y los recursos adecuados. Por eso es tan importante que acabemos con el estigma de la salud mental, que genera miedo y rechazo y limita el diagnóstico psiquiátrico. Para ello, os invito a acabar con la desinformación y contribuir a la creación de un espacio seguro para todo aquel que lo necesite. Aunque ahora parezca un asunto tan vasto y complicado, sé que, poco a poco, será posible conseguir esta meta, hasta que el estigma solo sea cosa del pasado.
Autora
Irene Arroyo Rodríguez
Estudiante del IES Torre Atalaya de Málaga y participante en la campaña Buscamos Jóvenes Divulgadores 2022